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Si borras un recurso en la nube sin borrar el registro DNS, te queda una entrada colgante: cualquiera puede apropiarse de ese subdominio creando un recurso con el mismo FQDN. Tus servidores no se tocan, mientras un subdominio legítimo sirve contenido del atacante. El daño no es solo de apariencia: las aplicaciones suelen exponer las cookies de sesión a todos los subdominios mediante un comodín, así que el subdominio secuestrado puede leerlas. Y la documentación rechaza de forma explícita la creencia de que un certificado te protege. La solución es integrar el orden de borrado en tus procedimientos y herramientas en lugar de fiarlo a la memoria.